Todavía quedan lugares por descubrir...
Cada ilustración que acompaña esta página nace de un recuerdo. No busca reproducir exactamente un lugar, sino rescatar la emoción que aún permanece en él. Son fragmentos de una historia, instantes que el tiempo no logró borrar y que forman parte de mi legado.
Hace años que el tren dejó de llegar a Carlos Tejedor. Sin embargo, el cartel de la estación permanece en su lugar, como si aún esperara anunciar una nueva llegada. Este es el pueblo donde nací y donde transcurre gran parte de Legado. Para mí, ese cartel no solo señala un lugar: también marca el comienzo de mis recuerdos.
Esta fue la casa que acompañó mi infancia y mi adolescencia. Entre estas paredes transcurrieron mis juegos, mis sueños y mis primeros aprendizajes. Frente a ella, unos enormes eucaliptos regalaban un murmullo inconfundible cuando el viento hacía rozar sus hojas entre sí. Ese sonido, sereno y constante, aún hoy sigue habitándome.
La estación fue mucho más que un lugar de paso. Allí se entrelazaban llegadas, despedidas y reencuentros. Era un espacio donde el tiempo parecía detenerse y donde cada tren traía nuevas historias. Aunque hace años dejó de recibir pasajeros, sigue siendo uno de los lugares más entrañables de mi pueblo, un rincón donde la memoria aún parece esperar el próximo tren.
Ubicado junto a los antiguos galpones de la estación, este aljibe permanece como un silencioso testigo del paso del tiempo. Hoy luce intervenido con flores que aportan color y vida al lugar. Paradógicamente, en torno a él circula una antigua leyenda, transmitida de generación en generación, sobre una joven que habria encontrado allí un trágico final por un desencanto amoroso. Más allá de la certeza de esa leyenda, el aljibe conserva el encanto de los sitios donde la memoria, la imaginación y el tiempo parecen encontrarse.
La plaza ocupa un lugar especial en mis recuerdos. Frente a ella se alza la iglesia, que acompañó distintas etapas de mi vida y de mi familia, convirtiéndose con el tiempo en un símbolo de encuentro, pertenencia y memoria. Esta ilustración recrea ese paisaje que permanece intacto en mis afectos y que aún hoy me invita a regresar.
La iglesia a sido, durante generaciones, un lugar de esperanza y de despedidas. Sus campanas acompañaron los momentos más importantes de la vida del pueblo, marcando el paso del tiempo y reuniendo a quienes buscaban celebrar, agradecer o simplemente encontrar un instante de paz.
La Escuela Primaria N° 1 (Juana Cuntin de Almirón) fue el escenario de mis primeros aprendizajes y de amistades entrañables que aún conservo. Entre sus aulas y el amplio patio comenzó a despertarse mi curiosidad por el mundo. Esta ilustración evoca ese espacio que permanece vivo en mi memoria y forma parte de mi historia.
Esta imagen dio origen a la portada de "Legado". Los caminos unen lugares, pero también historias. Con el paso del tiempo, este camino se convirtió en un espacio de encuentro y de tránsito cotidiano, allí donde antes existían límites más marcados. Por eso fue elegido para acompañar este libro: representa el recorrido de una vida y la posibilidad de tender puentes donde alguna vez existieron distancias.
Más allá de las calles del pueblo comienza otro paisaje. Los caminos rurales, los campos abiertos y los horizontes amplios forman parte de la identidad de esta región y acompañan la vida cotidiana de quienes la habitan. Esta imagen evoca esa transición entre el pueblo y el campo, un espacio donde la mirada se pierde en la distancia y el tiempo parece transcurrir con otro ritmo.
Hay imágenes que tienen el poder de llevarnos de regreso a un lugar querido. Para mí, los molinos son una de ellas. Formaron parte del paisaje de mi infancia y, todavía hoy, cada vez que descubro uno en la ruta o en cualquier otro lugar, siento una inmensa alegría, porque, de algún modo, me devuelve a Carlos Tejedor. Por eso esta ilustración ocupa un lugar tan especial entre los recuerdos que acompañan Legado.
Gracias por recorrer estos lugares conmigo.
Tal vez, entre estas ilustraciones, también hayas encontrado algún recuerdo propio.